Publicado el 16/05/2025 por Administrador
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La Organización de las Naciones Unidas ha manifestado su firme oposición al nuevo plan impulsado por el gobierno israelí, con apoyo de Estados Unidos, que busca contratar empresas privadas para distribuir ayuda humanitaria en Gaza. La iniciativa, enmarcada en el lanzamiento de una entidad llamada Gaza Humanitarian Foundation, ha sido calificada como una maniobra política que pone en riesgo la vida de miles de civiles.
Tom Fletcher, coordinador humanitario de la ONU, fue contundente al calificar el plan como “una fachada cínica para facilitar más desplazamientos forzados”. El funcionario advirtió que excluir a organismos internacionales y ONG acreditadas del proceso de asistencia vulnera principios esenciales de imparcialidad, neutralidad e independencia, y puede agravar aún más la ya crítica situación en el enclave palestino.
Desde principios de marzo, la Franja de Gaza no ha recibido asistencia humanitaria significativa. Según datos de Naciones Unidas, más de 500.000 personas —incluyendo una gran proporción de niños y mujeres embarazadas— enfrentan condiciones de hambruna extrema. El sistema de salud está colapsado y los suministros básicos son prácticamente inexistentes en muchas zonas del sur del territorio.
Israel, por su parte, ha defendido el plan alegando que grupos armados como Hamás interceptan la ayuda para fines militares. Sin embargo, Naciones Unidas y varias organizaciones humanitarias han desmentido que existan pruebas verificables de tales afirmaciones. Aseguran, en cambio, que el bloqueo prolongado y la restricción al trabajo humanitario han sido los verdaderos causantes de la catástrofe actual.
António Guterres, secretario general de la ONU, fue categórico: “La ayuda humanitaria no puede estar sujeta a condiciones políticas ni a estrategias militares. Manipularla de ese modo no solo es inaceptable, sino ilegal según el derecho internacional humanitario”.
La controversia se intensifica en un contexto de escalada militar. Tan solo en las últimas 48 horas, más de 70 personas —incluyendo 22 niños— han muerto en ataques aéreos israelíes sobre zonas densamente pobladas de Gaza. La comunidad médica y organizaciones como la OMS han alertado que, si no se restablece de inmediato un canal de ayuda libre y seguro, la mortalidad infantil podría dispararse en cuestión de días.
El rechazo al plan también ha llegado desde actores regionales. Egipto, Jordania y Qatar han manifestado su inquietud ante la posibilidad de que se institucionalice un modelo de asistencia controlado por terceros con intereses estratégicos. Desde estas capitales se insiste en que solo una solución negociada al conflicto puede abrir paso a un sistema humanitario funcional y respetuoso de la dignidad palestina.
Mientras tanto, en el terreno, miles de familias desplazadas sobreviven con lo poco que queda. Campamentos improvisados, escasez de agua potable y el miedo constante a los bombardeos conforman el panorama cotidiano de una crisis que, lejos de aliviarse, amenaza con profundizarse si la comunidad internacional no actúa con decisión.